Tito Bustillo, en tres dimensiones
Los científicos Julio Ruiz y Luis Rovés tendrán las imágenes holográficas del interior de la caverna riosellana en diciembre.
Ribadesella, Bárbara MORÁN Los tesoros mejor guardados de la cueva riosellana de Tito Bustillo podrán contemplarse en tres dimensiones el próximo mes de diciembre. El popular fotógrafo Santiago Relanzón y el especialista en óptica de la Universidad de Alicante José Antonio Quintana son los nuevos expertos que se han incorporado al proyecto, pionero en el mundo, de realizar hologramas en el interior de una caverna.
Durante las próximas dos semanas los investigadores de la Fundación Instituto Tecnológico de Materiales (ITMA) Julio Ruiz y Luis Rovés elaboran, en colaboración con el Centro de Investigaciones Científicas (CSIC), hologramas de varios de los rincones más genuinos de Tito Bustillo: el panel de las pinturas en el que aparece la cabeza del caballo que identifica al concejo, un pasadizo plagado de estalactitas y estalagmitas y otra pintura del yacimiento. Éstos son los tres tesoros prehistóricos que gracias a las últimas tecnologías pasarán, tras un proceso futurista, a ser apreciados en tres dimensiones. Un reto que sólo es posible gracias a la aplicación de la técnica de la holografía. En el panorama científico mundial sólo Rovés y Ruiz se han atrevido hasta ahora a plantar un carísimo y pesado equipo en mitad de una caverna como la de Tito Bustillo, conocida en la zona como «Pozu'l Ramu».
Más de una tonelada pesa todo el instrumental que los científicos tuvieron que trasladar hasta el corazón de la gruta para replicar el interior de Tito Bustillo. Su trabajo, además de encerrar multitud de conocimientos científicos y claves sobre esta técnica, requiere mucha paciencia y destreza.
Ayer, a las diez de la mañana, los cuatro científicos entraban en Tito Bustillo para comenzar una nueva jornada a 13 grados y respirando la humedad propia de la caverna. A oscuras, en silencio y concentrados, los expertos comenzaron a encender los numerosos aparatos que necesitan para, a través del láser, captar la imagen que quieren convertir en un holograma. «La técnica en un laboratorio no tiene nada que ver con su aplicación en una caverna. Dentro de una cueva todo es más complicado, un cambio de temperatura o un pequeño movimiento del suelo evitan captar el holograma», destacó Rovés.
A los pies del panel de los caballos, este experto y su compañero Ruiz han desplegado dos grandes tiendas de campaña para proteger los equipos. A unos metros de distancia, en otro asentamiento «campista», Relanzón y Quintana tienen su material para trabajar la luz y reproducir las imágenes. Hasta las cinco de la tarde los expertos no abandonaron ayer la caverna.
Los científicos tendrán tras estas semanas un largo trabajo de pos-producción y, en diciembre, aspiran a tener los paneles holográficos que servirán para decorar las paredes del futuro Museo de Tito Bustillo, que se construye a unos metros del yacimiento, a los pies de la cantera de Corcuvión.
La holografía logra, con la ayuda de un láser hipersensible, captar absolutamente toda la información de una localización: dimensiones, profundidad y colores. Es la reproducción más fiel a la realidad que se conoce hasta ahora. «Es como cuando abres la ventana de tu casa y ves a través de ella», señalaron los expertos.
Hasta 2006, en ningún lugar del mundo se había probado la técnica de la holografía en una cueva. Ese año, Ruiz y Rovés lograron hacer historia en el panorama científico mundial al captar un holograma de un rincón de Tito Bustillo. Ahora han regresado a la caverna dispuestos a pasar su riqueza prehistórica al mundo tridimensional.
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